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Dia de muertos

Por Pegaso

                Andaba yo volando allá, cerca de los panteones, al ladito del puente Broncos viendo cómo la gente no ha perdido del todo las tradiciones, al llevar a sus difuntos las consabidas ofrendas, el arreglo floral y las oraciones.

                Hay quienes cargan incluso con el asador y hacen ahí mismo, al lado de la tumba de sus parientes fallecidos, una comilona que involucra a todos los miembros de la familia, desde el abuelo, los tíos, las tías, los primos, el viejón y la señora de la casa.

                El Día de Muertos es una festividad considerada por la UNESCO como Patrimonio Histórico de la Humanidad, originada y practicada en México.

                Los países anglosajones cuentan con el Halloween, que es en la víspera, pero los mexicanos tenemos una fiesta muy colorida, donde lloramos, nos burlamos y hasta nos reímos de la pelona, la calaca, la huesuda o como quiera decírsele.

                Creo que esa alegre atmósfera que se logra por volver a reunirnos, metafóricamente hablando, con nuestros deudos, ha causado cierta envidilla de los gringos, acostumbrados a los soponcios de vampiros, zombis y brujas.

                En México se trata de reflejar la alegría por volver a tener con nosotros a nuestros muertitos, aunque sólo sea de manera simbólica. Los colores naranja, verde, amarillo, azul y rojo forman un mosaico psicodélico que nos provoca euforia.

                Por ese mismo motivo la industria cinematográfica gringa se ha querido agenciar la festividad de los muertos para llevarla a la pantalla grande.

                Lo hizo con El Libro de los Muertos, producida por Reel FX Creative Studios, distribuida por la 20th Century Fox y proyectada en las salas en el 2014.

                Lo hizo ahora con Coco, un largometraje también de dibujos animados producido por Disney-Pixar, que pretende llegar al público infantil, pero que toca fibras sensibles de los mayores.

                Es tanto el interés de los norteamericanos por apoderarse de esta tradición, que en los últimos años la misma compañía Disney ha intentado por todos los medios arrebatar a la jaliscience Metacube los derechos de la película animada Día de Muertos.

                Por Fortuna, existía antes un registro de derechos industriales a favor de Metacube y Disney se tuvo que morder un huevo, con todo y Mickey Mause.

                Lo que sí puedo decir es que las producciones gringas de películas mexicanas dan asco.

                Coco, que está en cartelera, realmente no refleja la esencia de la mexicanidad en la fiesta del Día de Muertos.

                Un niño, Miguel Rivera, es heredero de una tradición de zapateros en un pueblito del centro de México.

                La familia está marcada porque su tatarabuelo, un músico, abandonó a su tatarabuela para dedicarse completamente a su profesión.

                La trama se desarrolla durante el Día de Muertos. Miguel quiere ser músico, pero su familia se opone visceralmente. Con un dejo de rebeldía se sale de su casa en busca de su sueño, y entonces, roba la guitarra que está en la tumba de su ídolo, el más grande músico que ha dado el país, y que evidentemente pretende ser Pedro Infante.

                Al tomar la guitarra de su sitio se traslada hasta el mundo de los muertos, donde es testigo de cómo las almas de los difuntos traspasan un puente cubierto con zempazúchil, cuando éstos son recordados por sus familiares vivos mediante los altares de muerto y sus fotografía.

                Ahí conoce a un harapiento sujeto que lo guía por los suburbios de la ciudad de los muertos, donde hay tranvías suspendidos de cables aéreos, computadoras, escáneres y teléfonos celulares.

                Su afán es conseguir una entrevista con Ernesto De la Cruz, que así se llama el artista, el cual, por azares de la vida, resulta ser su tatarabuelo que abandonó a su tatarabuela, o al menos así lo hacen aparentar en el argumento.

                Más adelante, al descubrirse que De la Cruz en realidad es un gran farsante, que mató y le robó las canciones a su mejor amigo, Héctor Rivera, Miguel se da cuenta que su verdadero padre es éste último. El resto de la película transcurre entre alebrijes, persecuciones, reconciliaciones y finalmente, la reunión familiar entre los parientes vivos y los muertos.

                Yo ví la película la semana pasada cuando fui al cine con mi Pegasita.

¿Qué si la recomendaría? No estoy seguro.

                En lo personal, tengo dos o tres anotaciones en torno a esa producción norteamericana:

1.- Coco no se refiere al niño, ni siquiera al perro pulgoso de lengua larga que lo acompaña, ni al músico que resulta ser su tatarabuelo, sino a una viejecita más arrugada que una pasa, su abuela.

2.- Desacralizan la figura de uno de nuestros más grandes artistas nacionales: Pedro Infante.

3.- La música que se incluye en la película no tiene nada que ver con lo mexicano. Ni siquiera se utilizan mariachis, y la versión de La Llorona que canta la tatarabuela de Miguel es una triste sombra de la famosa canción mexicana originaria del Istmo de Tehuantepec.

4.- Y en general, el filme animado es una interpretación de lo que los gringos piensan que es o que debe ser la celebración mexicana del Día de Muertos.

                Por eso mismo me extrañó que dicha película haya resultado ser un éxito de taquilla a nivel mundial.

                Aparte de distorsionar la fiesta de muertos mexicana, Disney-Pixar pone como lazo de cochino a nuestra más fulgurante figura del cine, radio y televisión: Pedro Infante.

                Es como si de pronto un mexicano decidiera hacer una película de las tradiciones norteamericanas y retratar a Frank Sinatra como un hijodepú.

                No se vale, chato,-como decía Cantinflas.

                Ahora bien, parece ser que no soy el único que no está de acuerdo en que los extranjeros se metan con nuestras tradiciones y quieran fusilárselas impunemente.

                Ya he dicho que Disney quería registrar como marca propia la película animada Día de Muertos.

                Eso ocurrió desde el 2013. Ante esa situación miles de personas en las redes sociales mostraron su inconformidad por lo que la gigante norteamericana, creadora de largometrajes como Toy Story, Monsters Inc y Buscando a Nemo, tuvo que retractarse, al grado de comunicar que habían cometido un error. Tras lo anterior, se decidieron por cambiar el nombre a su proyecto bajo el argumento que “reflejaría un total respeto y fidelidad a la celebración mexicana”, lo que no ocurrió ni tantito con la película Coco.

                Si usted, lector, es mexicano hasta las cachas, no vaya a ver esa película o si la ve, analícela con ojo crítico, porque es la manera como los anglosajones ven a los mexicanos, a su arte y a sus expresiones culturales.

                Los dejo con el refrán estilo Pegaso: “La totalidad de las personas se refieren a mí con el mote de “El Individuo de Raza Étnica Caracterizada por el Color Obscuro de su Piel”, fémina que prorrumpe en llanto; un individuo de raza étnica caracterizada por el color obscuro de su piel, sin embargo, afortunado”. (Todos me dicen El Negro, Llorona; un negro pero con suerte).

               

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